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Sesión doble

La principal diferencia entre los westerns de Leone y los films de Bergman es que los protagonistas de los primeros van sin afeitar. Y que no sale Max von Sydow, claro.

Discreción profesional

Detectives gallegos

Detectives gallegos

Empiezo a ser mayor. También en esto de la Internet procelosa. Por ello, voy a hacer lo que hacen todos los señores mayores: quejarme.

De los viejos y heroicos tiempos de vino y rosas de la Web apenas queda ya nada. A excepción, quizás, de las plúmbeas homilias del padre Dans. Todos éramos más jóvenes y audaces y salíamos cada día a cazar piezas jugosas que satisfacieran nuestro voraz apetito de depredador junior. Todo era libertad, igualdad y fraternidad. Y porno fresco y salvaje, nada que ver con el actual de piscifactoria. Hasta Danni Ashe parecía lozana y jacarandosa.

Pero un día los Señores de los Negocios se dieron cuenta de que el pastel ya era muy grande y comenzaron a ponerse nerviosos. No podían controlar la Web, y a toda esa legión de geeks desharrapados. Esta gentuza les estaba robando. Había que hacer algo.

Y lanzaron a los perros del copyright a olisquear en cualquier rincón donde un pobre idiota ensalzaba a un músico, un pintor, o un fotógrafo y osaba poner un pequeño ejemplo de las obras que admiraba de esos creadores. Y obligaban a los sitios que albergaban blogs y otros espacios web a cerrar o censurar a todo aquel que se atreviera a entrar en su club de campo con las botas manchadas de barro. Y se inventaron el DRM. Y convencieron al chico malo de Seattle de que en su nuevo sistema operativo esto estuviera bien presente. Y se acabó lo de comer perdices.

Además de los Señores del Negocio, en Internet también puedes tropezar con los Guardianes de la Recta Moral, esos individuos que se escandalizan cuando descubren en una web una areola, trazas de vello púbico o un pene más o menos ufano. Esta casta también obliga a que te echen de la choza que poco a poco has ido adecentando. Ser amoral puede que sea cool, pero al final acabas rodando, escaleras abajo, hasta la calle.

En definitivas cuentas, que Internet ya no es ese espacio de libertad, divertido y democrático, de antaño. Algunos creíamos que Internet empezó a morirse el día en que nos hartamos de ver el coño de Paris Hilton. Pero esta vagina bien lubricada no es un síntoma, es una cortina de humo. Detrás están ellos.