La WM y otras prácticas sexuales de riesgo

La Copa Mundial de Fútbol (a.k.a El Mundial) no es un evento, es un test de resistencia. En primer lugar, de cuántos televisores son capaces de comprar los habitantes de un país antes de hundir definitiva e irremediablemente la balanza de pagos nacional. También pone a prueba los límites de la creatividad y el ingenio humanos, ya que siempre se consigue elegir como canción oficial del torneo un tema más zafio, ramplón y horrendo que todos sus predecesores. La lógica se desafía, si consideramos el número de tópicos por segundo que es capaz de emitir un periodista deportivo. Y, finalmente, se testa la resistencia física y psicológica del primate, que es capaz de ver a las cuatro de la mañana la repetición de un partido entre dos países que no sabe ni situar en el mapa.

Aunque tiene puntos en común con el otro gran acontecimiento deportivo planetario, los Juegos Olímpicos, es imposible equivocarse, ya que hay sensibles diferencias entre ellos, como, por ejemplo, que en la cita polideportiva no suele haber en las gradas seguidoras brasileñas medio desnudas, o que hay un montón de señoritas y caballeros que se pasan horas y horas metidos en una piscina, o que hay una mayor participación de sujetos negros.

En este Mundial de 2010 coinciden varios hechos asaz insólitos. Un italiano dirige a la selección inglesa, un sueco a la de Costa de Marfil y un salmantino a la española. Y en nuestro combinado hay un jugador vasco apellidado Martínez, provocación que no hubiera tolerado un PNV fuerte y hegemónico, y que en su estado meláncólico actual debe sufrir en silencio compungido.

El mundial sudafricano pasará a los anales por ser el primero disputado en África. Y tampoco creo que se olvide el extraño sentido del humor de los dirigentes de la F.I.F.A., que han hecho posible que los espectadores de todo el mundo vean este magno espectáculo en una África con temperaturas cercanas a los cero grados centígrados, lo que, convendrán conmigo, tiene su gracia…

Quedan todavía muchos partidos, muchas emociones, muchas patadas por delante. Si es usted seguidor de este show global, relájese y goce, Y si no lo es, siempre le queda la alternativa de entrar en cualquier foro de Internet a insultar sin tasa y sin tino a los guionistas de Lost. Waka, waka.

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