El presidente Pérez y sus obreros especializados

Una fábula de baloncesto-ficción

– ¿Alberto? Soy Juan Carlos, ¿qué te han dicho los médicos?
– Colega, estamos jodidos. A Randolph, de tanto prozac, le han crecido los pechos, se le ha puesto voz de mezzosoprano y quiere ir a La Voz y entrar en el equipo de Malú.
– ¿Y el mexicano?
– ¿Ayón? ¿Tú has visto la mujer que tiene? Ese no vuelve hasta septiembre.
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La meritocracia está muy bien, pero no me paga el yate

El capitalismo industrial averiguó muy pronto que era muy bueno para el negocio tener a la fuerza de trabajo neutralizada, adormecida y entretenida siguiendo las evoluciones de atletas de deportes de equipo.

Que en la ciudad en la que vive cada uno haya o no equipos deportivos de élite no es un derecho recogido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El deporte profesional como espectáculo es una excrecencia del capitalismo y/o del capitalismo de estado.
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